Nieta y abuelo


La pequeña intenta ayudar. La foto tomada en un momento de acción espontánea de la niña deja ver el cariño y la comunicación con su abuelo. Ratifica aquello de que el amor nunca deja de ser. La imagen enternece y brinda una brisa  de esperanza en el género humano. 

Esta escena ocurrió en el último verano en la ciudad capital  de la provincia de Buenos Aires. 

Canal principal de riego en el Alto Valle de Río                      Negro. Mayo 2021

 


Por Juan Carlos Bergonzi

A fines de abril se puede observar la disminución progresiva del caudal del canal principal cuya agua estuvo destinada a la irrigación integral del Alto Valle de Río Negro. Es una clausura transitoria, prevista en  el servicio que administra un Consorcio de Riego.  El ciclo de otoño-invierno sin riego es parte de del entendimiento biológico en este valle fértil que llegó a tener en producción entre 60 y 70 mil hectáreas.

El canal ha proveído  agua   más de un siglo. Es una historia compartida con obras hidráulicas extraordinarias, planes de desarrollo, visión estratégica para el crecimiento y personas que se dedicaron y lo hacen actualmente a cultivar  la tierra de este espacio del norte patagónico. Un  “oasis agrícola”  como lo definió la memorable publicación  El  País de los argentinos.

La vuelta del agua será en la primavera y se verá otra vez un caudaloso “río”  que    atraviesa las ciudades y le da un marco de abundancia que, en ocasiones, no se suele considerar como un capital invaluable. El canal principal recibe el agua del río Neuquén, en una bocatoma cercana al Dique Ballester.  Ese río turbulento en épocas de lluvia tiene su contención en el dique citado y, además de brindar el elemento vital para el riego, se une con el Limay y juntos integran la Confluencia y dan  nacimiento al río Negro que recorrerá más de 600 kms. para llegar al mar donde antes pasa entre dos ciudades: Viedma y Carmen de Patagones.

El canal de riego es una obra  hidráulica digna de figurar en los emprendimientos más destacados de la Argentina. Tiene 130 kms y su destino final será Chichinales. Se comenzó a construir en 1911 y   se concluyó en 1928. Del canal salen canales terciarios y otros tantos cuaternarios o hijuelas a fin de regar las chacras.

En las ciudades que atraviesa se han construido en sus márgenes verdaderos parques lineales con sendas para caminantes, gimnastas; se han instalados juegos para niños y mini praderas  con césped prolijamente mantenido; los irrigadores en funcionamiento y el sol cayendo al oeste brindan una verdadera sinfonía de colores y movimiento.

Está este canal naturalizado en el registro visual de los vecinos que se apropian del lugar con las ventajas de estar en  contacto armónico con la naturaleza. Con o sin agua el extenso entorno del canal sigue poblado de gente: es parte del patrimonio cultural de los habitantes, de las ciudades.  La obra monumental de principios de siglo 20 es un testimonio de la tenacidad. 

Es difícil imaginar en la segunda década de la centuria  21 cómo fue el movimiento de la tierra, la nivelación, herramientas, los trabajadores, técnicos e ingenieros;  la circulación del agua y que todo sirva y funcione por  cien años.

Una seria reflexión podría resultar inspiradora. 

 

 

Título de la nota; Canal principal de riego en el Alto Valle de Río  Negro. Mayo 2021

 

 

                                               Alfonsín Presidente

                                       
                           

                Hace 37 años la democracia fue restablecida 

 

La   asunción, el 10 de diciembre, fue otro acierto comunicativo del presidente electo y su equipo: esa fecha recuerda el día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada y proclamada por las Naciones Unidas. El simbolismo fue claro, contundente: convivir bajo normas y leyes republicanas fue el compromiso del candidato ungido  presidente de la Nación.

 En esa soleada y brillante jornada primaveral Raúl Ricardo Alfonsín habló desde el histórico edificio del cabildo en la plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires. El balcón de la casa Rosada esa vez  quedó vacío.

Como lo había dicho a lo largo de su campaña no propuso  una clásica salida a través de los votos. Quería profundizar en la urdimbre de la sociedad argentina y las calamidades vividas en décadas previas. “Una entrada a la vida” tocaba el alma colectiva, incluso entre aquellos que no sufragaron a favor de su candidatura.

El flamante presidente habló con el corazón. ¿Si había sido capaz de derrotar en elecciones intachables al adversario invencible, el peronismo, cómo no transmitir un mensaje de gran esperanza? 

El edificio colonial, epicentro fundacional de la patria otorgó la atmósfera adecuada para ratificar  que el preámbulo de la constitución nacional no era letra muerta.

En ese  “texto laico” se concentraba el espíritu de esa jornada memorable que abría la puerta a creer y aceptar, con madurez, una república  sin disociaciones, de sanos pactos y acuerdos  con la imprescindible unidad de todos los argentinos

 El ciclo de la democracia recuperada comenzó hace 37 años. Un hombre honesto, con fuerte poder de persuasión llegaba para presidir un país devastado por el autoritarismo y la soberbia donde todo fue posible.

Se recuerda la presidencia de Alfonsín con nostalgia. En ocasiones con culpa. Persiste en  la memoria de los argentinos como una de las ilusiones cívicas más trascendentes en la historia política nacional.

 

 

A 37 años de la campaña y triunfo de Alfonsín.

                                        

En los actos de campaña el saludo a la distancia  con los brazos en alto y las manos tomadas, reiteraba ese encuentro de un hombre con el pueblo. "Ahora Alfonsín"     y   la muchedumbre contestaba "ahora todos". La placa oval con las iniciales del candidato sobre los colores celeste y blanco estaba en la retina de un público exultante, con la esperanza puesta en ese candidato que había demostrado la mayor capacidad de comunicación política en varias décadas.

Representaba el cambio, el futuro promisorio. "Una entrada a la vida" como se sugirió uno de los eslóganes con más apropiación por la masa de electores.

La Argentina salía de una larga noche de desencuentros desde la década de 1950. Interrupciones militares,   proscripciones, el regreso de Perón, el tumultuoso ciclo 1973-1976   el golpe exterminador del 24 de marzo de 1976 y el  terrorismo de Estado.

La derrota militar en Malvinas   selló el fin del facto.  La puerta a un porvenir cierto se abría de la mano del   máximo dirigente del Movimiento de Renovación y Cambio de la tradicional Unión Cívica Radical. Desde el 10 de diciembre de 1983, el aglutinante "Ahora Argentina"  pretendía dejar atrás  rivalidades de la coyuntura electoral.

La unión de todos los argentinos era más que imprescindible para despegar de un pasado atravesado por muertes, desapariciones, desarticulación del aparato productivo, fuga de capitales, creciente endeudamiento privado y público, exilios.

El candidato a ocupar la Casa Rosada  el 10 de diciembre de  1983 preparó su campaña electoral con un grupo de expertos en comunicación especializados en publicidad. Publicidad y política no habían registrado en la Argentina grandes resultados. Los publicitarios habían comprobado, desde la experiencia de un atávico capitán ingeniero* la imposibilidad de hacer verosímil su plataforma de gobierno o imponer positivamente su figura al igual que una marca de salchichas. 

En 1983 Alfonsín debió competir con el peronismo   en una confrontación abierta, sin proscripciones de partidos o candidatos. Las dos grandes fuerzas políticas del país iban a definir, con el veredicto de las urnas, la conducción nacional para los próximos seis años.

El radicalismo había sido desalojado del poder a mitad del mandato del presidente Illia en 1966. Un golpe de Estado programado con más de diez meses de anticipación dio paso al reiterativo autoritarismo militar. Se inauguró la llamada Revolución Argentina que concluyó en 1973 con el ascenso, por tercera vez, del justicialismo al gobierno de la Nación. Tres años después, muerto ya Perón, su esposa Isabel fue destituida por un nuevo golpe militar en marzo de 1976.

El gobierno   entre 1973-76 dejó una imagen de violencia política, enfrentamientos internos, marcada intolerancia y protagonismo de personajes que la opinión pública llegó a detestar y temer.  

El postulante a la presidencia de la Nación, nacido en la ciudad bonaerense de Chascomús, comprendió como nadie el momento cultural y comunicacional de la Argentina que surgía de la noche y niebla.

Se apoyó en colaboradores publicitarios con la debida aclaración de que no serían ellos los que formularían la filosofía o el estilo de la campaña. Los puntos fundamentales citados en Cómo se hace un presidente de Alberto Borrini dejan en claro la claridad estratégica de la empresa: "Una buena campaña publicitaria debe ser el reflejo del candidato, de ninguna manera el candidato el reflejo de una agencia de publicidad".

El candidato debía "exponer a su agencia, con detenimiento, su filosofía y su estilo". "Se debe incorporar profesionales que compartan sus ideas". Se recomendó, también, "investigar en forma sistemática la opinión pública".

Los alcances de intervención del actor principal y de los secundarios permitieron acuerdos sobre la desafiante combinación comunicacional: publicidad política. ¿De qué hubiera servido una estudiada campaña publicitaria, sin las características del gran comunicador Raúl Alfonsín? Es probable que de nada. Alfonsín supo interpretar el contexto de necesidades de la población que estaba harta de soportar censuras, persecuciones, asesinatos y devaluación de su vida cotidiana, con especial énfasis desde 1976.  

El postulante, Italo A. Luder, un hombre de prestigio dentro de las filas del justicialismo por su formación intelectual en el campo del derecho, perdió credibilidad en gran parte de la sociedad nacional. Su estilo pulcro no se compadecía con el incendio de ataúdes que inexorablemente se relacionaba con la violencia política a la que nadie quería regresar. Se deseaba un largo tiempo de paz. De entendimientos y de consensos. El peronismo no admitió    que la sola invocación mágica del nombre Perón no era suficiente.

En 1983 la televisión presidía en pantalla a color   la sala de los hogares. Los actos, carteles y pintadas callejeras fueron valiosos, pero no alcanzaron El entorno de Luder opacaba su figura en cada encuentro o concentración multitudinaria. En este caso la comunicación se divorciaba de la cultura emergente de la época; separación no admisible: comunicación y cultura son inseparables.

Alfonsín supo que su adversario contaba con millones de afiliados. "Un partido político de los más grandes del mundo" se repitió con sentimiento de triunfo inevitable. El que sería presidente no se doblegó. Estaba hablando, con su voz agradable y su mirada calma, al corazón de miles de jóvenes y adultos que querían torcer la frustración colectiva desde otra concepción de la ética y la práctica política.

 Una forma clásica de definir un acto de comunicación es ¿Quién dice qué, en qué canal, a quién y con qué efecto? El hombre de Chascomús tenía una clara percepción de la aplicación justa, humana y precisa del modelo del profesor norteamericano Harold Lasswell. El célebre "paradigma" estuvo incorporado en cada emisión de mensajes por distintos medios al potencial elector.  

En el terreno de la retórica aristotélica, Alfonsín siempre contempló en su discurso la situación en que lo emitía, el tiempo al que se refería, los fines y, en consecuencia, la actitud del oyente.  Comprendió la ecología cultural de la naciente era posdictadura.

El líder radical decidió entrar en la trama de la conciencia nacional con propuestas beneficiosas para la comunidad toda. No agredía, no denostaba. Inspiraba un cambio colectivo con proyección de político nuevo, diferente. ¿Qué advirtieron los votantes en eslóganes tales como "Sin usted no habrá país". "Afíliese. Para participar, proponer, avalar, determinar. Para tener la posibilidad de elegir. Y de ser elegido" o referirse a "Vivienda. Medidas para que su vida cambie: jubilación, trabajo para todos, salud" ¿Fueron propuestas superadoras en sí mismas o el "quién dice que" confirmó progresivamente aquello de que era el "hombre que hacía falta"? No solo ofrecía una salida electoral sino una entrada a la vida.

Alfonsín sumó a su  campaña   productos comunicativos sensibles. Algunos hasta las lágrimas como el film  La República Perdida Una película sensible e inteligente que rescató lo mejor del peronismo y dejó un sutil mensaje sobre el ocaso de ese movimiento.

 Se abría otra oportunidad sintetizada en la memorable metáfora de la bisagra y la historia. Era la hora de iniciar algo distinto, sin renegar de lo bueno del pasado.

El candidato utilizó el esplendor de los medios vigentes a principios de 1980, pero además ejercitó el contacto personal y directo con sus admiradores y simpatizantes. Hizo promesas, denunció alianzas y pactos que erizaron la piel. Habló de todo sin ambages: desnutrición, Malvinas, indexaciones; explicó a las madres su intención de privilegiar la educación por sobre el servicio militar.  

Propuso enfrentar la creciente desocupación. Impuso a su discurso un tono institucional con las palabras del preámbulo de la constitucional nacional. Una oración que emocionaba y dejaba asentado el carácter inclusivo  de la propuesta electoral.

El hombre que hacía falta obtuvo más del 50% de aprobación de los argentinos. No fue una creación publicitaria con contenidos políticos. Fue un eximio político que supo establecer una comunidad de intereses con una sociedad golpeada por el autoritarismo en sus más diversas expresiones e intentos de democratización. Entendió que la empatía es una de las claves en los procesos de comunicación humana y, como demócrata, se inspiró para decirle al pueblo que estaba listo para conducirlo.  

Lo escrito en esta nota es conocido. Sólo se propone recordar aquella etapa electoral y la figura del presidente Alfonsín. El modelo comunicativo utilizado fue sorprendente, moderno. Se dio un gran salto en la forma de comunicar el mensaje político. Ocurrió en el ultimo tramo del siglo 20, hace 37 años. Alfonsín triunfó en las elecciones del 30 de octubre y asumió la presidencia de la República el 10 de diciembre para el periodo  1983-1989.

 

 * Álvaro Alsogaray   recordado por su famosa frase  como ministro de Economía del presidente Frondizi (1958-1962) "Hay que pasar el invierno"




Un personaje inolvidable

 

      Samuel Maugeri: lo distinto y lo entrañable

                                              In memoriam

 

Por Juan Carlos Bergonzi

 

   Hoy, 22 de agosto, es el cumpleaños de Samuel Maugeri. No está entre nosotros. Partió hace 15 años  y aún subsiste en el barrio y en la ciudad el recuerdo de su estilo ameno, sensible y  dispuesto a intervenir en una charla entre amigos. Pertenece este señor a los afectos  persistentes, vigentes  a pesar de su ausencia. Se lo tiene presente como un personaje inolvidable, de mucha visibilidad social, con quien compartimos, aventuras, angustias, escasez  y momentos gratos, insuperables.

    Con su particular forma de entender la existencia humana su figura coincidió con nuestros años de crecimiento personal; trabajos, nacimientos de hijos y éxodos a otros sitios en busca de estudios o nuevas oportunidades. Fue testigo silencioso de idas y reencuentros en los tórridos veranos, época que retornábamos al fenómeno  de la llamada temporada de aire, sal  y sol donde  Carhué-Epecuén era  una fiesta.

     Siempre era el primero en registrar al amigo que volvía. Parado en una esquina del barrio, estaba ahí, listo para el   efusivo saludo y presentaciones si correspondía.   No preguntaba   nada si comprobaba algún cambio familiar. Tampoco lo hacía estando a solas. Una discreción envidiable que lo preservaba de comentarios eventuales que le pudieran solicitar.

      Samuel con su nariz prominente,  ojos claros y pequeños, dentadura increíble que lucía en su risa fácil, manos cultivadas en largas sesiones no fue un miembro estándar de la comunidad. Obtenía protagonismo con esfuerzo en  monólogos sobre andanzas en el territorio femenino, anécdotas de viaje con sus hermanos  o agradecimientos a familias que le brindaban contención y afecto.

       Era un distinto que luchó por pertenecer. Tal vez, los que lo rodeábamos no advertimos su entusiasmo por comunicarse, agradar, estar con el otro. Si sentía soledad, la combatía con acciones directas. Amparado  por su padre Vicente y sus hermanos, en especial Daniel, daba cuenta de ese abrigo  con satisfacción, orgullo y humor. Agradecía que su vida cotidiana transcurriera  sin sobresaltos, de manera holgada y sin excesiva necesidad de cumplir obligaciones laborales.

   Integró mesas en bares, clubes;  concurrió los domingos a la Iglesia Evangélica de la avenida San Martín. Para ir al servicio religioso se vestía con su mejor traje y,  con andar cansino,  llegaba con gran porte itálico y se integraba con otros fieles que lo recibían con aprobación. Asistir al oficio dominical era gratificante para su padre quien, con su sabiduría y paciencia, lo guiaba en su vida de hombre distinto.

        Con Daniel, su hermano protector, tenía un vínculo intenso. Era una relación profunda, incondicional, donde siempre hallaba seguridad y la palabra de aliento. Daniel era su referente máximo, más cuando el padre ya no estaba.

         Su interacción social la supo manejar con habilidad. Todos los que lo conocieron registran la impronta de Samuel, sus dichos y sus actos de generosidad. Vale aludir a su trabajo de canillita donde   voceaba el titular de   primera plana desde su bicicleta. Anticipaba la información y estimulaba  la compra del periódico.  

          Nos ha quedado esa imagen de niño-hombre observador, con sus manos unidas por detrás, espalda algo encorvada y sus ojos puestos   con insistencia   en detalles hasta conseguir la preferencial atención del interlocutor.

           Samuel provoca  un recuerdo entrañable de tiempos vividos con la amistad como valor predominante. Nos queda  la percepción de un ser humano noble, inquieto, testarudo, solitario pero con una gran cuota de felicidad que luchaba   por sostener y contagiar. Extrañamos al querido Samuel. 


       

        

 

Travesía entre dos ciudades

  Dibujos de bicicleta para niños. Imprime y colorea este dibujoDibujos de bicicleta para niños. Imprime y colorea este dibujo

                                              CARHUE-PUAN       

 

   Las bicicletas casi flamantes inspiraron a dos amigos de la etapa adolescente a embarcarse en un proyecto  que, especularon, no ofrecía  riesgos. Sólo esfuerzo, resistencia. El principal objetivo era cumplir el deseo de romper la inercia y hacer algo nuevo. Ampliar horizontes.*

   ¿Qué hacer entonces?  Los libros de aventuras leídos, el cine que miraban en Cine teatro  español y el Gran Sud les sacudían el espíritu juvenil, protegido por el razonamiento de inmortalidad que se tiene en esos años de transición de la condición humana.

    El permiso de sus padres estaba otorgado. Los gastos serían mínimos, la seguridad estaba garantizada. Ellos vivían en una ciudad donde nadie tocaba lo ajeno. Se devolvía lo encontrado.  Dejar la bicicleta sin atar, en cualquier lugar, era una pauta cultural instalada sin debates. Y así, otras muestras tales como puertas abiertas, automóviles con las llaves puestas y motor encendido mientras su propietario hacia un trámite urgente. **

     El plan de marcha estaba rodeado de ese marco de convivencia. Nunca hablaron en los preparativos  sobre un eventual ataque o robo. No se concebía. Era la fuerza de las normas, escritas o no, acatadas sin quejas. El aire de libertad los impulsó a largarse un domingo en las primeras horas hacia el objetivo buscado: Puán distante  50 kms.

      En esa bella ciudad serrana tenían algunos conocidos. Los atraía el misterio de los cerros, la producción láctea y, en fin, ver otra realidad. Salir, tomar aire y gastar la abundancia de energía física.

      Es probable que el mes elegido para acometer la aventura fuera noviembre. Calor, días con abundante luz solar. Había que  pedalear hasta allá, dar unas vueltas y emprender el regreso.

       La ruta elegida  es la que aparece al cruzar la ruta provincial 60 en el acceso a la ciudad. Camino severo, con arena y piedras.  Iban alegres, sin infladores, repuestos para pinchaduras, herramientas básicas. Tal vez pensaban que a ellos, nada les podía salir mal.

       Les faltó la hoja de ruta dentro de lo que se establece como el plan de viaje. Avanzaron velozmente y, todavía dentro de la ciudad de salida, saludaron a la mamá de uno de ellos que tempranamente se dirigía a la parroquia Nuestra Señora de los Desamparados. Levantó una mano y les dejó una sonrisa. ¿Habrá rezado por ellos? Seguro que sí.

        Luego de unos kilómetros de avanzar el camino les presentaron dos opciones: hacia la derecha o cruzar las vías del FF.CC. y continuar. Eligieron la primera. El tiempo pasaba y la estación Erize no aparecía en el horizonte. Habían leído en la entrada de un campo “La Maravilla”. Siguieron con más énfasis y finalmente se encontraron con una población en estado de celebración. No era Erize, tampoco Puán. ¿Qué ocurrió? Cierto desencanto los tocó. Se acercaron a unos jóvenes y preguntaron ¿Dónde estamos, cómo se llama este pueblo? San Miguel Arcángel, distante 48 kms de Carhué.

        Se quedaron unos minutos más y se enteraron que el clima de fiesta era por el arribo de un obispo a bendecir una piedra fundacional de un futuro edificio destinado al culto católico. Intercambiaron algunas informaciones   y decidieron regresar a casa.

         Esa  noche decidieron ir al cine. Durante la proyección uno de ellos sintió dolores en las piernas pero  lo dejó pasar. La narrativa cinematográfica de Hollywood lo distrajo y finalmente se olvidó de las molestias musculares.

         Al domingo siguiente, mejor asesorados, partieron hacia el objetivo inicial: Puán. Cruzaron los rieles, se aproximaron a  Erize y luego a la pintoresca ciudad serrana. Allí compartieron la amabilidad y generosidad de la familia de Víctor Diaz Sánchez; almorzaron y de nuevo retornaron al punto de partida. Felices. Hasta compitieron   con un Ford T cuyo conductor lo incitó a acompañar su marcha y ganarle en velocidad. No pudieron, el  T pudo más.

          Esta aventura, ocurrida muchas décadas atrás resuena en la memoria de los protagonistas. Siempre creyeron que lo hecho había sido único y novedoso. Es probable que así lo fuera.

           No hace muchos años un amigo   comentó que él con un compañero  hicieron la  ruta  caminando. La información los hizo reflexionar y repasar que la gloria, además de efímera, es opacada por otra   iniciativa  impensable. Y es cuando el narcisismo se desmorona.  

*José Alberto Cacho Intili y el autor de esta nota.

**La ciudad sigue igual. Es confiable y amable.

 

          

Segregación y acción ciudadana


 

                                            "Estaba harta"

   


                                      

Por Juan Carlos Bergonzi

   

En diciembre  de 1955 la Argentina había cambiado de gobierno. La Revolución Libertadora ocupaba el poder desde el derrocamiento de Juan Domingo Perón. La Guerra Fría estaba en su apogeo. Al mundo bipolar le faltaba recorrer más de tres décadas y media para su desarticulación.

    Rosa Parks, el primer día de diciembre (1955) regresaba a su casa en un autobús luego de una larga jornada laboral como costurera. Vivía en Montgomery, Estado de Alabama. La segregación racial imperaba en la ciudad   y era ella víctima de normas impuestas a las personas con la piel negra.

      Sentada en la sección para blancos del transporte público tenía la obligación de ceder su asiento si ingresaba una persona no negra y reubicarse en las butacas asignadas a los de su color.  No se quiso levantar, dijo que estaba cansada y que continuaría su viaje en ese mismo lugar vedado, El chofer le indicó, con voz alta e imperativa, su deber de dejar el espacio. Se negó y fue detenida y multada por la policía.

       Rosa era una habitante de un estado que –en la guerra civil norteamericana- peleó contra el norte no esclavista   decidido a liberar la población negra. Esto quiere decir que el clima de convivencia era difícil;   fanáticos y segregacionistas con influencias atávicas   no admitían la igualdad entre los seres humanos.

       La marginación se extendía a escuelas, lugares de comida, baños públicos: leyes del siglo anterior tenían ascendente en   reglas para negros distintas a los de los blancos. La Joven Rosa Parks, que al momento del incidente tenía 42 años, no dio el brazo a torcer y provocó, en un marco de tensiones y agravios, una corriente de resistencia pacífica  tendiente a que los  negros, usuarios  de las líneas de colectivos,  dejaran de utilizar ese medio de traslado.

        Con la consigna  “mis pies cansados, mi alma liberada”   gran parte de los negros (o llamados afroamericanos)  dejaron de subirse a los autobuses por 380 días. Algunos caminaban hacia sus trabajos nueve kilómetros. A esa desobediencia civil se sumó con entusiasmo el joven pastor Martin Luther King un líder que de alguna manera nacionalizó el conflicto de Montgomery.

       Con la convicción de luchar en forma pacífica, más de treinta mil miembros de la comunidad negra, con  su  extenso boicot  al uso de los autobuses, lograron que el Tribunal Supremo eliminara la segregación racial en el sistema de transportes en esa ciudad sureña. Luego en 1964 una ley federal terminó con las leyes racistas que disponían espacios separados para negros y blancos.

           Rosa Parks se mudó de Alabama y siguió su carrera de militante de la igualdad frente a los derechos civiles. Cuarenta años después recibió   altas condecoraciones  entre ellas medalla de Honor del Congreso de los EE.UU. Llegaron a decir que ella había  transformado EE.UU y ser un  símbolo  de la libertad.

       Murió a los 92 años.  Demostró a su pueblo y Nación que los cambios legítimos, originados en la consciencia de la sociedad civil, no tienen limitantes. El modo pacífico  de  su protesta y demostración de hartazgo, frente a la vulneración de sus derechos, quedó grabado no sólo en su país sino en este mundo global. Una mujer extraordinaria. Inolvidable.

       


      


 


 



 
 

 

                         

 

Somos docentes de la Universidad Nacional del Comahue y escribimos desde el norte de la Patagonia, Argentina.
Investigamos sobre periodismo impreso y digital.

General Roca, Argentina