Ciberperiodismo en Iberoamérica: libro para descargar

Con mucho placer, celebramos hoy la presentación del nuevo libro "Ciberperiodismo en Iberoamérica", coordinado por el Prof Ramón Salaverría.

Se trata de un enorme trabajo que recorre los 20 años de historia del periodismo digital en 22 países, a través de especialistas de cada lugar.

Una recopilación que seguramente será de referencia a la hora de repasar y contrastar datos sobre la evolución, las etapas y las características del periodismo digital.

Con Fabián Bergero, nos tocó reseñar estas dos décadas en la Argentina.
Muchas gracias a Ramón por la invitación y la confianza!

El libro tiene una edición en papel que estamos ansiosos por tener en nuestras manos y, por supuesto, se puede descargar libremente.


 ciberperiodismo en iberoamérica



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Para citar
Salaverría, R. (ed.) (2016). Ciberperiodismo en Iberoamérica. Madrid: Fundación Telefónica y Editorial Ariel.

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#Ciberoamérica

Y para descargar!!
>>Ciberperiodismo en Iberoamérica

El 17 de octubre de 1945 y la resignificación

Sólo Son Setenta Años



Por Juan Carlos Bergonzi *                                                                       
         Surgido hace siete décadas, el peronismo no ofrece resistencias a su  persistente resignificación. La última acción en esa línea la presentó, hace unos días, un candidato a presidente de la Nación como motivo de la inauguración de un monumento al creador del movimiento nacional justicialista.
              El hecho político remite   a los generales argentinos  que, en  situación de retiro, viajaban a Madrid a entrevistarse con el líder peronista en el exilio. Querían ser bendecidos. Olvidaban que habían conspirado, reprimido, golpeado al sistema institucional argentino excluyendo al peronismo, desde 1955. El anfitrión  de Puerta de Hierro les comentaba el infortunio de no haber… “venido cuando usted era comandante, con fierros” y concluía “ahora, de generales retirados tengo un ejército”.
             Desde el “aluvión zoológico”, frase adjudicada a un político tradicional con motivo de la marcha a Plaza de Mayo en 1945, hasta la vinculación nazi del gobierno  iniciado en 1946 y derrocado en 1955, se puede incluir todo lo que esté a la  mano. La observación peyorativa complació a muchos y aglutinó a más. La frase otorgó identidad.   
          Como dijo un historiador británico “después del 17 de octubre el país ya no sería el mismo”.  La vida cotidiana confirma el “hecho maldito del país burgués”  según  John W. Cooke. El peronismo  preside la gran mesa electoral argentina en su setenta cumpleaños.  Se verificará  para los aspirantes a la Casa Rosada aquello que el antiguo líder dedujo “…Mire, hay radicales, socialistas, conservadores, comunistas pero peronistas somos todos         
        En 1955, después de querer eliminar a Perón con un bombardeo sobre la Casa Rosada y una vez tomado el poder en septiembre del mismo año, los autoproclamados libertadores decretaron el cese el peronismo. Fue la primera conquista de los derrotados para permanecer en el  torrente cultural y político interminable de la historia nacional.
              A  partir de allí, juntas consultivas de por medio, la marcha institucional estuvo subordinada a la virtudes y defectos del conductor degradado y desterrado. Con millones de seguidores que supieron eludir el cerco de la censura, persecuciones, marginaciones y hasta fusilamientos.                 
        Si se repasan los ciclos presidenciales se puede convenir en el énfasis del anti peronismo en vitalizar el llamado justicialismo. Cualquier intento de superación de la antinomia  era de suyo  rechazado. Los guardianes de la conciencia moral de los argentinos siempre estuvieron listos para impedirlo.
             Ocurrió en la misma “revolución libertadora” (1955-1958)   La declaración de “ni vencedores ni vencidos”  y su consecuente programa de mantener las conquistas sociales alcanzadas por sectores postergados, fue motivo de discordia y concluyó con la renuncia del jefe del golpe de Estado. Los vencedores fueron vencidos, en términos de la historiadora argentina Mª Estela Spinelli.
     El gobierno de Arturo Frondizi (1958-1962) es expulsado luego de 32 planteos militares. El   vértigo del  plan desarrollista no fue  suficiente para dejar fluir el funcionamiento republicano. “Había ganado con votos peronistas”, cuestión que lo comprometía con el campo  electoral a futuro. ¿No convenía el proyecto económico del frondicismo? La mirada de estadista del  presidente sobre los problemas nacionales e internacionales no alcanzó para contener la vuelta redentora al pasado. Impedir el libre juego electoral por temor a los que marchaban bajo la égida del general exiliado. 
             Illia, asumió  con el 25 % de votos. La abstención peronista se hizo notar y su gobierno conllevó la fragilidad. Una gestión donde predominó la libertad y un intento –ahora reconocido con nostalgia- de gestionar con honestidad y republicanismo. La apertura electoral al peronismo más otras decisiones económicas favorables para el país condujeron  a Illia al sometimiento de la práctica del “golpe de Estado permanente”  sistema en uso en la Argentina posterior a 1955, según los historiadores Alain Rouquié y Robert A. Potash. Illia fue destituido  con  indiferencia y hasta júbilo civil. Su gobierno cubrió los años de 1963 a 1966.
            Eliminado Arturo U. Illia del gobierno nacional,  brota un intento refundacional   desde el partido militar. Regreso al pasado. Clausura de partidos políticos,   instituciones del Estado y medios de comunicación.  La reserva moral de la Argentina tomó el poder  con corrientes sindicales de apoyo. Luego vendrá el cordobazo y la decadencia de la “revolución argentina”. Lanusse, veterano golpista desde el año 1951, encabezó la demandada  transición   que envolvió  el retorno de Perón.    El ciclo ocupó el lapso 1966 a 1973. Esos casi ocho años potenciaron lo prohibido:sumaron miles de jóvenes  de clase media hijos de padres resistentes a los programas justicialistas de los 40 y 50. 


    Mayo  de 1973. Cámpora en el gobierno por 49 días.    Perón será candidato en inminentes elecciones. Triunfó  el desagraviado general con el 63 % de los votos. De nada sirvió el abrazo de los veteranos adversarios Ricardo Balbín/Juan Domingo Perón. Estaban adelantados y sabían por viejos. Divergencias y confrontaciones violentas, despidos y fallecimiento del presidente. La vicepresidenta recorre el camino de gobernar con un entorno propio y social que preanuncia la catástrofe.  Es arrestada y privada de su libertad por decisión de la junta de comandantes desde el 24 de marzo de 1976. Estará presa casi cinco años. El peronismo proscripto por 18 años y, con triunfo cívico superlativo, es derrocado nuevamente.
          Entre 1976 y 1983 se instala un gobierno ilegal con el título de “proceso de reorganización nacional” Una larga noche se extenderá por el país. El plan económico de tono  anacrónico   pretendió regresar el país a un contexto pre peronista. Se sostuvo  con   represión implacable. Las guerrillas urbanas y rurales fueron  combatidas con  las fuerzas del Estado. La muerte y desapariciones eran  la manifestación concreta de la dictadura. Los DD.HH. son conculcados.  En ese decurso, un posible enfrentamiento armado  con Chile espantó a los argentinos. Luego, la guerra de Malvinas será el detonante para impulsar una demanda de la sociedad  civil: elecciones. El silencio militar no abatió las conciencias de los partidarios del movimiento de los descamisados: poco a poco el tejido resignificante resresaba, con signos de agotamiento. Un brisa de cambio captó los corazones de millones  que decidieron un intervalo con promesa de distinto.   
                 El 10 de diciembre de 1983, asumió  la presidencia de la República Raúl Ricardo Alfonsín. Durante la campaña electoral Alfonsín supo dejar de resignificar al peronismo. Una actitud inteligente, madura, con vistas a integrar y superar el hecho maldito. Cautivó y enamoró al electorado con preeminencia de los jóvenes que observaron  en el postulante radical algo nuevo, distinto, sin rencores y que prometía “una bisagra en la historia”.  Fue una presidencia con dificultades,  desempeñada con valentía. El juicio a las juntas militares, cuando las fuerzas armadas tenían poder, se reconoce como un punto culminante en la historia de la argentina y de América latina. Sin plan económico consistente,  bajo el drama de la inflación, huelgas   descontento, debió  declinar su presidencia y llamar a elecciones en 1989. También Alfonsín creyó posible “un tercer movimiento histórico”
       Aparece en el   escenario un caudillo riojano y peronista: Carlos Saúl Menem  Prometió  no defraudar y una “revolución productiva”.  Sonriente, seductor y con  aspecto folklórico, estética que  se irá sustituyendo  de manera simbólica y de acuerdo con medidas drásticas en relación con la soberanía nacional. El viejo plan de desarticular la malla económica y social entró en vigencia con el simpático provinciano norteño. No obstante sus medidas estructurales en contra del país fue ratificado en un segundo gobierno. La Argentina es otra y la exclusión  escribe su marca. La Nación  dejó de ser propietaria de sus recursos hídricos, FF.CC. fábricas militares e infraestructura estatal forjada por generaciones de argentinos. El modelo   mal dispuesto endeudó a la población. Con más pena que gloria el llamado menemismo crujió   y debió  retirarse frente a un nuevo adversario denominado “alianza”. Un  país detenido y una oportunidad para los no peronistas.
            Triunfó la coalición en 1999. Fernando de la  Rúa  asume la primera magistratura. Errático en planes y proyectos para la gran ocasión de superar al peronismo, falla en todos los frentes. Escándalos en el Congreso, renuncia del vicepresidente y la influencia de sus hijos en las decisiones  lo superaron y con una gran revuelta popular es   desalojado de la Rosada en diciembre de 2001. El tiempo de gobernar por sobre el justicialismo  se había cumplido. El sueño de una democracia formal, seria, previsible se derrumbó.
          Desde el 2001 hasta el 25 de mayo de 2003, la galería se nutrió de personajes presidenciales. Alucinó,  superó todas las previsiones. El interinato de Eduardo Duhalde transcurre al borde del permanente colapso con signos de recuperación al final.  Las elecciones darán otro ricorsi  al péndulo del peronismo. La causa de todos los males para unos y el bienestar para otros  se presentó con nuevos componentes en su plataforma. Volvió a observarse con simpatía a la corriente nacida a mediados de la década de 1940.             
         El 25 de mayo de 2003 asumió, luego de una interna con Menem, Néstor Carlos Kirchner.  Con  el marco político de un Frente, en su mayoría peronista, gobernó por cuatro años y fue reemplazado, por voto popular, por su esposa  Cristina Fernández. Cumplidos otros cuatro años, Cristina Fernández fue reelecta y  concluirá  su gobierno el 10 de diciembre de 2015. Una década de resignificación  elaborada por los propios oficialistas y opositores de todas las vertientes. Algunos creen  en el cansancio de la sociedad civil con las ideas y  conductas del movimiento justicialista. 
       Los últimos 12 años están frescos en la memoria de los argentinos.
           Las elecciones para elegir un nuevo gobierno serán el 25 de octubre de 2015. Las estrategias de comunicación electoral de los candidatos serán materia de investigación. ¿Cómo relacionar la actual era de la información y el conocimiento con los mensajes recibidos?   
           No obstante la carga de entropía,  se espera  que  el veredicto ciudadano sea “para bien de todos y no para mal de ninguno”.

General Roca, Río Negro, 10 de octubre de 2015    

 

 Nota: La palabra resignificar no está registrada en el Diccionario  de la Real Academia Española. (RAE) Es un vocablo muy utilizado en las  aulas universitarias y puede traducirse,  la idea  de resignificación, en  otorgar    una nueva transcendencia a un acontecimiento o a una conducta.  



 *Periodista. Profesor Temporal del  Seminario Medios, Periodismo y Política. Carrera de Comunicación Social. UNComahue. Argentina

60 Aniversario del Golpe de Estado de 1955

Un soldado de Roca combatió en la Casa Rosada durante los bombardeos
 Por Juan Carlos Bergonzi (*)

El 16 de junio de 1955 amaneció con una densa niebla sobre la ciudad de Buenos Aires. Era un día de trabajo normal y, para la ciudadanía, nada hacia prever una tragedia en ciernes.

El ambiente político institucional de la Argentina no pasaba por su mejor momento. Los enfrentamientos callejeros entre partidarios del gobierno de Juan Domingo Perón y sus adversarios eran frecuentes y con visibles signos de violencia. El desencuentro y el encono estaban en su punto más alto.

Una rara sensación advertía al habitante común de que hechos definitivos podrían producirse y cambiar el rumbo de la República.

 Juan Carlos Pereyra al medio día de aquella nublosa jornada, estaba frente a una ametralladora antiaérea. Conscripto de la clase 1934, de la calle Los Andes al 300 del barrio Matadero de Roca, "barrio de los negros, como se lo designaba medio siglo atrás (hoy calle Palacios de barrio norte) el 19 de febrero de 1955 ya estaba incorporado al regimiento de Granaderos a Caballo.

Esta fuerza funciona como escolta y seguridad del presidente de la Nación. Juan Carlos estaba orgulloso de "pertenecer a Granaderos". Significaba un reconocimiento a su capacidad y conformación física. ¿Hace algún deporte? Le preguntaron y la respuesta fue espontánea: si, la pala, el hacha y la barreta.



Los conscriptos de ese cuerpo sentían el prestigio y atractivo que acarreaban ese transito juvenil obligatorio por la unidad militar creada por San Martín. Haber asistido a un acto patrio en la plaza de su ciudad, el 17 de agosto, invitado por el director de la escuela 168 donde fue alumno, lo atesora como un momento grato, perdurable.

Cuando viajó de Roca a Buenos Aires, señala, un hecho policial conmovía la sociedad argentina: el crimen del descuartizador Jorge Eduardo Burgos. La prensa dedicaba notas destacadas a ese caso y se había convertido en un tema de conversación diaria.

De alguna forma, el malestar en la Argentina del segundo gobierno peronista se había mitigado ilusoriamente con el sonado asesinato. Juan Carlos lo registró como un tema de enorme resonancia. A él, como soldado, lo esperaban otros acontecimientos en el invierno. Sus veinte años estaban impregnados por ilusiones y entusiasmo por la vida.

La mañana oscura tiende a disiparse y a las 12,30 un sonido aterrador comienza a escucharse sobre la Plaza de Mayo. Pereyra y otros soldados estaban con sus ametralladoras en una terraza que da hacia la calle Balcarce. Todos pertenecían al escuadrón de armas pesadas de la sección antiaérea.

Los aviones de la Marina y la Aeronáutica comenzaron a efectuar vuelos rasantes sobre el edificio sede del Poder Ejecutivo Nacional. En sucesivas incursiones descargaron bombas y metralla a las fuerzas leales.

Juan Carlos y sus compañeros repelieron con sus armas el ataque y observaron algunas bombas que por fortuna no estallaron. "Eran de color rojo con amarillo y una hizo impacto –sin detonar– en el patio de las Palmeras". "La niebla nos favoreció porque demoró el ataque al igual que la falta de profesionalismo de los sublevados".



La vuelta a aquellos momentos lo lleva a un instante trágico: un compañero es muerto por un franco tirador que disparaba desde un edificio cercano. A medida que el tiempo mejoraba para las acciones de bombardeo el enfrentamiento se profundizó y se extendió en el tiempo. A las cuatro de la tarde, los aviadores cuya intención era "matar a Perón" se enteraron del fracaso golpista y huyen a Uruguay. Allí se entregaron a las autoridades de ese país. Más de 35 aviones operaron con una dotación de tripulantes cercana a los ciento treinta. La tragedia dejó señales de lo ocurrido: muertos y heridos, civiles y militares. Mujeres y niños.

En el ir y venir de los aviones sobre la Casa Rosada, Pereyra recibió un impacto: una esquirla penetró su espalda. Juan Carlos memora esa lesión sin dramatismo. "No fue grave a pesar del fuerte sangrado". No le otorga gran trascendencia a ese minuto que podría haber terminado con su vida. Fue internado en el hospital Cosme Argerich y, pasados unos días, regresó a su escuadrón de armas pesadas. "En Roca creían que me habían matado" comenta y agrega que su padre fue a visitarlo. Un encuentro que lo tiene atesorado con marcado cariño. El padre de Juan Carlos trabajaba en Agua y Energía.

Pereyra es, en la actualidad, un hombre fuerte, con energía y entusiasta con su trabajo. Es un próspero comerciante en un barrio de la ciudad. Reconoce que en el transcurso de su niñez y adolescencia su barrio fue beneficiado por las políticas sociales del peronismo. No omite su adhesión a los postulados del movimiento político surgido el 17 de octubre de 1945.

Después del los sucesos de junio de 1955, el país continuó su marcha inexorable al quiebre institucional. Muchos hombres de los partidos políticos de oposición al llamado "régimen" hicieron saber su disconformidad con el bombardeo y tentativa de destitución violenta del gobierno. Otros le adjudicaron la responsabilidad absoluta a la gestión del presidente Perón. La sociedad civil y militar dividida, enfrentada hasta niveles familiares, no presagiaba un final moderado al ciclo justicialista.

En septiembre de 1955, la guardia en la casa Rosada se acentuó. Se tomaron precauciones extremas. "El ministro de Guerra general Franklin Lucero, evoca, los quería aplastar y Perón dijo que no". ¿Tenían temor? "Si, pero el miedo era relativo, porque debíamos estar".

La secuencia de desencuentros y actos violentos continuó hasta el 16 de septiembre, hace 60 años. Pasada esa fecha y por un breve lapso los granaderos fueron reemplazados por otros soldados en la casa de gobierno.

El general Eduardo Lonardi asumió como presidente de facto. La sublevación antiperonista había concluido. El accionar destituyente se autodenominó "revolución libertadora". Otros vientos de discordia vendrían sobre el país.

Pereyra fue dado de baja el 7 de diciembre de 1955. Su libreta de enrolamiento, dando por cerrado su servicio militar obligatorio, la firmó el mayor Alejandro Agustín Lanusse, jefe del regimiento nombrado por la libertadora.

Un hombre vigoroso, con proyectos, a sus 81 años goza de una salud envidiable. Sin rencores con el pasado tiene presente los días de combate, los intensos acuartelamientos, la incertidumbre, le resuenan como no muy lejanos. Recuerda con emoción a su compañero de armas Juan B. Filippi de Villa Regina, fallecido hace unos meses y a otro ex granadero que vive en el norte del país. Con ellos estuvo comunicado, en contacto frecuente, como amigos entrañables.



Nacido y criado en esta ciudad del Alto Valle de río Negro, es un vecino que asistió desde su juventud al desencuentro de la Nación. Intervino en la defensa de la Casa de Gobierno ante el ataque aéreo de los sublevados al gobierno constitucional.

En una investigación histórica del Archivo Nacional de la Memoria titulado "Bombardeo del 16 de junio de 1955" Juan Carlos Pereyra y su amigo de Villa Regina, Juan Bautista Filippi figuran en una lista nominal de soldados en defensa de la Casa de Gobierno, paginas 177 y 180, año 2010.

Agradece la entrevista y, en la despedida camino a su comercio, dice "por fin alguien se acordó de mí".


(*) Periodista. Profesor en Comunicación Social.

Publicado en el Diario Río Negro, General Roca, Patagonia argentina, 16 de septiembre de 2015.

70º Aniversario del bombardeo atómico

                                     
                                                         Hiroshima  mon amour



                                                                                                       Por Juan Carlos Bergonzi *        

       A las 8.15 del 6 de agosto de 1945,  la primera bomba nuclear  estalló sobre  Hiroshima, Japón.  El avión que transportaba  la bomba había partido unas ocho horas antes desde la isla Tinian, en el  Pacífico. A menos de 600 metros de altura se consumó la explosión atómica y produjo la destrucción de gran parte del blanco y la muerte de 130 mil habitantes. Otros 70 mil quedaron heridos y con graves  secuelas.        
     El súper bombardero B-29 de la Fuerza Aérea estadounidense llamado “Enola Gay”, nombre de la madre del piloto Paul Tibbets, giró y se distanció rápidamente del calor y la cegadora luz provocada por la explosión. Se dice que el copiloto, un joven oficial, habría exclamado  “¡Qué hemos hecho, Dios mío!”. Se había concretado  la primera operación militar con armas nucleares en vísperas del cierre total del conflicto  denominado Segunda Guerra Mundial.       
    Tres días después, el 9 de agosto, otra bomba de similares características fue arrojada en la ciudad puerto  de Nagasaki. Los muertos superaron las 80 mil personas.  El Imperio del Sol Naciente, días después, se rendía sin condiciones ante lo aliados. 



 Imagen archivo BBC
  La mayoría de los pobladores que murieron en el acto de la explosión  fueron civiles;  una  proporción cercana al 15 por ciento de  los heridos a los pocos días  fallecieron y otros tuvieron que luchar contra la leucemia,   distintos cánceres y otras enfermedades.  Los efectos de la radiación fueron la causa de estos males.  La primera bomba detonada, en Hiroshima,  libró una energía aproximada a las 15 mil toneladas de TNT y fue construida en base a uranio. El nombre clave de este artefacto fue “Little boy”. La arrojada a las setenta y dos horas siguientes sobre Nagasaki fue designada como “Fast Man” y utilizó plutonio.
   La decisión de atacar a Japón con estas armas fue del presidente Harry S. Truman  sucesor de  Franklin D. Roosevelt  muerto el 12 de abril de 1945, semanas antes de la llegada de los aliados a Berlín, el suicidio de Adolf Hitler, la caída del III Reich   y la conclusión de la guerra en Europa.
   El Imperio de Japón se resistía a la rendición y EE.UU.  e  Inglaterra  estimaban una gran confrontación de carácter final en el Pacífico que le facilitara el camino a la ocupación del país oriental.  Las dos potencias citadas habían desarrollado sobre Japón cientos de incursiones aéreas con bombardeos convencionales. Ni la población y el propio gobierno japonés esperaban el uso de un arma  como las bombas A. 
   El  emperador Hirohito y su gobierno de fuerte tono militarista y totalitario no supusieron la catástrofe que se avecinaba, a pesar de las advertencias de sus enemigos expuestas  semanas antes.
   ¿Se pudo haber evitado el ataque nuclear a estos dos conglomerados urbanos, con mayoría de población civil?  ¿Qué costo hubiera tenido, en vidas, de  japoneses  y aliados, principalmente a EE.UU.?  Las interrogantes están  vigentes desde el mismo y fatal 6 de agosto de 1945. Las respuestas han sido y serán con cierta piedad a favor de los caídos en la doble agresión nuclear.
    El punto estratégico  de las fuerzas angloamericanas tuvo su sostén en evitar muertes propias en una lucha tradicional frente a un enemigo dispuesto a todo tipo de sacrificios que, a pesar de su fracaso militar, no pensaba en una rendición total. Consideraban esta medida como una humillación  y ello no estaba en los planes del estado mayor de la conducción de la guerra.
   La grabación del mensaje de rendición del emperador Hirohito fue objeto de intentos de interferirla y destruirla por oficiales militares. En ese hecho hubo muertos, quema de viviendas y suicidios.  Según el historiador británico Paul Johnson,  Hirohito reconocíó  “lo desfavorable de la evolución de la guerra, no necesariamente ventajosa para Japón y agregaba que “había que evitar la extinción de la sociedad humana” y  Japón “debería sufrir lo insufrible y soportar lo insoportable”
   Johnson sostiene que  “los datos disponibles no sugieren que habría podido obtenerse la rendición sin el empleo de las bombas A.”  Apoya este argumento con los encarnizados  combates en Manchuria y  “la aproximación al umbral nuclear con bombardeos convencionales de 10 mil toneladas de TNT”. 
   Expertos deducen, entre ellos  el profesor  E. J. Hobsbawm,  que además de atacar a  Japón,  EE. UU.  envía una fuerte señal   sobre su  tecnología atómica   a  la súper potencia emergente, la URSS, (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). El mundo se asomaba a la bipolaridad. La URSS tendrá su primera bomba A en 1949 y la carrera nuclear bélica  será una pesadilla hasta la actualidad.
   La historia de la producción de armas nucleares se remonta a 1939 cuando, EE.UU. país neutral por entonces,  un físico de origen húngaro Leo Szilard  visitó a Einstein para comentarle que los nazis disponían de expertos en fisión nuclear y que era probable que trabajaran en un proyecto de un arma atómica. Einstein  elevó una carta al presidente Roosevelt mostrando su preocupación y expresó, el premio Nobel, que “el elemento  uranio puede convertirse en una importante fuente de energía”. Esa misiva estaba fechada el 2 de agosto de 1939. A los pocos meses se inicia la marcha hacia la construcción de las bombas bajo el nombre de Proyecto Manhattan y demandó una inversión de 2.000 millones de dólares. Su director científico fue el físico Robert Oppenheimer. Intervinieron otros físicos notables,   exiliados del régimen nazi y una enorme masa crítica local.   En 1942 se logró un resultado significativo: la primera reacción en cadena.
   Los efectos morales y éticos sobre la sociedad humana fueron  diversos, críticos. La génesis de la era nuclear y sus correlatos para la guerra y  eventualmente para la paz  dieron  origen a comentarios y opiniones en todo el mundo. En agosto de 1945, “Río Negro” de edición semanal, dedica dos artículos de tono editorial  luego de lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki. El primero del 16 de agosto titulado ¡Paz! Alude a la salida de la energía molecular para entrar a la era de la energía atómica y propone que “esta llave del mundo sirva para el trabajo constructivo y la búsqueda del progreso”
   El 23 de agosto  con  “Hora de la solidaridad humana”  se refiere al fin de la contienda entre potencias y el restablecimiento de las relaciones internacionales.  Describe el ambiente mundial como de “soledad, tristeza, que las poblaciones de la Eurasia quemada contemplan por el crimen colectivo de la guerra…”
   La ciudad de Roca contaba por entonces con unos 7 mil habitantes y a través de su semanario se informaba de la crisis global.  Los hechos, con su destrucción y muerte  se reflejaban con preocupación  en  las columnas de medio fundado en 1912. La planetarización de la información  que llegaría con la era digital en el final del siglo XX tenía, de alguna manera,  su anticipación en la comunicación gráfica valletana con análisis y opinión   de esa actualidad en los estados beligerantes.  
   La tragedia  nuclear se recuerda hoy a los 70 años de ocurrida. “Hiroshima mon amour”  título de esta  columna se toma de la película de igual nombre del   director francés A. Resnais.   En el film se trata la memoria, el olvido y la  apatía por el pasado.



*Periodista. Profesor en Comunicación Social                                                

  Dicta Seminario Medios, Periodismo y Política. Fadecs.UNComahue. Argentina

* Publicado en el Río Negro. Argentina.6/08/2015
   

 




                                                       

Alto Valle de Río Negro y Neuquen

             
  El retorno  del tren interurbano al Alto Valle de Río Negro y Neuquén es, tal vez,  uno de los                    hechos      más alentadores de los últimos diez años                          

  ¡Y llegó el Tren!    


                                                                                                   Por Juan Carlos Bergonzi (*)
                                           

     El arribo de las formaciones, que tanto entusiasmo han despertado en el público, unido a su pronta experimentación con pasajeros, se constituye en una auténtica reivindicación social. La pérdida de los FF. CC. es un duelo no cerrado en la Argentina.
   La intención de "volver al tren" que integre el valle superior del río Negro, por el añoso camino de hierro, registra orígenes casi inmediatos a su última clausura hace unos veinte años. Vale la pena recordar, como ejercicio de la memoria, los intentos concretados en ese lapso y, especialmente, el producido en la primera década del siglo XXI.
    En la primavera del 2006 un grupo de vecinos de Cipolletti y otras ciudades valletanas incluida Neuquén conformaron, en la biblioteca Bernardino Rivadavia, la Comisión Pro Tren del Valle. Esa decisión puede citarse como la génesis de una consistente iniciativa ciudadana para demandar por el servicio ferroviario que ahora comienza a rodar entre dos conglomerados urbanos separados por el río Neuquén.
     El recorrido del Tren del Valle (TDV) será modesto en su comienzo y dependerá no sólo del fervor nostálgico para su permanencia. Habrá que integrarlo como parte de la cultura del transporte combinado de pasajeros. Incluirlo en el creciente tránsito automotor y agregarlo como un nuevo componente de la tolerancia cívica.
   La Comisión Pro Tren del Valle fue coordinada por un vecino de Cipolletti, el ingeniero Edmundo A. Griffoi. El 3 de septiembre del 2009 este profesional, apasionado con el emprendimiento ciudadano, escribió una carta de lectores a este diario donde fundamentaba la implementación del TDV. Se refería a la crisis de la Ruta 22 y señalaba que entre los análisis no se había ponderado debidamente el uso del sistema ferroviario para pasajeros.
    En la comunicación epistolar a "Río Negro", Griffoi destacaba las posibilidades que brinda la infraestructura, el potencial de pasajeros y, como mérito agregado del servicio, la disminución del tráfico vehicular y la contaminación. El razonamiento estaba referido a una conectividad en toda la extensión del Alto Valle.
   "El ferrocarril fue adoptado por innumerables ciudades del mundo como el medio idóneo para trasladar a personas masivamente en forma segura, rápida y cómoda. Todo parecería indicar que nosotros deberíamos contar con un Tren del Valle", decía Griffoi.
   También, en esa misma comunicación pública invitaba, en nombre del grupo inicial, a reunirse para discutir las alternativas del proyecto y "elevar un documento a las autoridades como punto de partida para lograr su concreción". Luego daba a conocer un correo-e para los interesados en sumarse.
   La comisión central para el retorno del tren se integró con vecinos de distintos asentamientos de la llamada ciudad lineal.
Se constituyeron subcomisiones por ciudad que divulgaron la iniciativa y publicaron la actividad que se tradujo en cartelería, reuniones, audiencias, viajes y envío del pedido de recuperación del servicio ferroviario con ratificación de miles de firmas.
    En distintos puntos de las ciudades no sólo se recogían firmas; se agregaba a esa acción, intercambios verbales sobre las bondades del tren y la eventual salida del aislamiento que tienen cientos de personas sin posibilidades de asumir costos de viaje automotor. El FF. CC. siempre fue inclusivo.
  En los encuentros, desarrollados en espacios físicos de las estaciones, se relataban historias de trenes y viajes. Emociones y circunstancias memorables que se transmitieron como parte de un legado sobre un sistema amado por miles de viajeros.
  Un acto gubernamental de depredación del patrimonio nacional desarticuló el contacto del medio con la gente.
  Todos hablaron en esas numerosas y voluntarias asambleas cívicas de la íntima relación del FF. CC. con sus vidas y el desarrollo de la Nación.
  Los más jóvenes, sin registro de viajes por rieles, ni relación con andenes, sonidos de silbatos y campanas de partida, aromas, butacas, camarotes, coche comedores y convivencias casuales, se enteraban con asombro; admitían no tener la menor idea del tema. ¡Todo en un país que llegó a contar con 45.000 kilómetros de vías férreas!
  Los gremios del ramo alentaron y ofrecieron testimonios de vocación y pertenencia y recuperación del FF. CC. Además de un genuino interés de ayudar con el propósito. Otros muchos, desde la anonimia, colaboraron sin pedir nada a cambio; daban apoyo y solidaridad.
  Así como la mayoría de los concejos deliberantes avalaron la iniciativa, en las legislaturas de Río Negro y Neuquén se crearon comisiones y en el mismo Congreso de la Nación se impulsaron estudios y proyectos.
  El ingeniero Griffoi señala que se incluyó el "Tren del Dique" y el de "Enlace Rápido". Con esas diligencias -recuerda- se logró que Río Negro promulgara la ley provincial que se necesitaba para que el Estado nacional pudiera incluir el proyecto valletano en los planes de inversión ferroviaria.
   En el 2014 se presentó ante la Subsecretaría de Transporte Ferroviario de la Nación el anhelo inicial entre Cipolletti y Neuquén que finalmente fue aprobado y ahora está a punto de iniciar su primer viaje con pasajeros.
   Lo relatado no pretende ser más que una memoria, no tiene carácter diacrónico, de lo hecho por hombres y mujeres que, con fortaleza cívica, decidieron peticionar desde aquella reunión, en el 2006, la vuelta del transporte férreo.
   El ciclo civil concluyó cuando las autoridades políticas constituidas tomaron a su cargo la demanda cívica, el proyecto. Fueron años de espera y esfuerzos, esperanza, viajes y reuniones en distintas etapas gubernamentales.
   El resultado está a la vista. La Comisión Pro Tren siente algo así como "el deber cumplido" Lo que parecía una utopía se ha concretado. Ahora queda reconocer que el enlace rápido Cipolletti-Neuquén es el comienzo. Ampliar el recorrido Senillosa-Chichinales y el dique no será una tarea simple ni olvidable.
   La energía de los ciudadanos para sustentar la iniciativa del 2006 será el punto clave. Igual el cuidado del uso del servicio; la moderación ante cierta inquietud de los conductores de automóviles con el paso de las formaciones.
  Una sana práctica de convivencia que vale la pena desarrollar para bien de todos.

(*) Periodista. Profesor en Comunicación Social  UNComahue

 (*) Imágenes:  DCV Julio Bariani. UNRN

Texto publicado en Río Negro del 20/07/2015. General Roca, Argentina

49º Aniversario de la destitución del Presidente Illia



                                          Por Juan Carlos Bergonzi *

Foto Agencia Nova
     A las 7:10 del 28 de junio de 1966, abandonó la Casa Rosada.  En las primeras horas de ese día, un colaborador había propuesto  que todas las puertas de acceso fueran cerradas con llave. La esperanza era dejar sentado el símbolo de la violación.  Fue  un acto de resistencia  formal. La conspiración cívico militar estaba en su punto culminante y, sin reparos, produjo la destitución del presidente constitucional. Se consumaba el quinto golpe de Estado en la Argentina del siglo XX.
     Illia fue elegido presidente en 1963. El respaldo electoral fue débil, sólo el 25 por ciento. La proscripción del peronismo inaugurada en 1955 estaba vigente y   el intento de superarla,  por parte de Arturo Frondizi, se sumó como una de las causas de su destitución en 1962.  Arturo Illia continuaba el ciclo de las democracias restringidas   bajo el contexto del “golpe de Estado permanente” según  el historiador francés Alan Rouquié.
    De fuertes convicciones,  Illia calificaba al gobierno peronista de 1946-1955 de autoritario. En los minutos  finales del golpe palaciego el presidente les recriminó a los uniformados   proceder  igual que en “la otra tiranía”  cuando bajo el “cumplimiento de órdenes” en la noche  se violaban domicilios  para arrestar disidentes.  
   El presidente electo para el periodo 1963-69 es despojado de su poder y   expulsado de la Casa Rosada. Esa madrugada del 28 de junio está impregnada de episodios, discusiones, traiciones que marcaron la vida institucional y cultural  de los argentinos.
  Se puede reprochar a Illia haber participado de elecciones condicionadas, con  un enorme sector de ciudadanos impedidos de elegir a sus dirigentes preferidos. También, vale recordar, la promesa de la campaña de abrir, sin restricciones, el juego democrático a todas las opciones políticas. Un punto que   al igual que Arturo Frondizi, trató de cumplir.
  El peso del partido militar más fuerzas civiles  influyentes  impidieron el desarrollo de la libre participación electoral.  Factores de poder y grupos de presión operaron para ultimar  el mandato Illia.   La integración de los gabinetes del facto es reveladora de   las  representaciones civiles.
  En aquellos tiempos, el valor de la democracia como sistema de convivencia no se registraba decisivo para el desarrollo armónico del país.  El ritmo de cambios de la década de 1960, en especial la revolución cubana más el contexto de la Guerra Fría, sometía  al gobierno radical a decisiones que acarreaban contratiempos en la gestión.
   La negativa de enviar tropas que compartieran la intervención de EE.UU. de América en Santo Domingo, en el estallido de una resistencia popular con connotaciones revolucionarias, distanció para siempre al poder militar del presidente.
  La debilidad de su gobierno no fue obstáculo para cancelar contratos petroleros, limitar los ingresos de la industria farmacéutica internacional, anular el estado de sitio, alejarse de los programas ortodoxos del FMI y repuntar el crecimiento del PBI y el superávit  del comercio exterior.
 Las fuerzas sindicales no observaban al presidente como pro activo en sus demandas. Varios de sus encumbrados dirigentes asistirán a la asunción del General Onganía como presidente de facto.
 La fuerza de la conspiración se sustentó en varios frentes que merecen el análisis: la comunicación social  a través de medios creados o apropiados para desmerecer su figura, la nula difusión de los aciertos de gobierno “no hacemos tanto para utilizar recursos para informar al pueblo”. Un exceso de austeridad republicana que lo dejaría expuesto a mensajes denigratorios, humillantes a su imagen.
    En la actualidad se estima que tanto la debilidad de votos (25%) para alcanzar el poder como la ausencia de una política de comunicación de la gestión   desarrollaron un síndrome de inquietud en los gobiernos posteriores.
  Al  hombre desalojado por la fuerza en las primeras horas de la mañana del 28 de junio de 1966  se lo recuerda con cierta melancolía no exenta  de autocríticas a  la indiferencia, alivio o convencimiento que su caída era dar paso a la construcción de un país sin la intervención de  su pueblo. 
 En el desorden del desalojo de la Casa Rosada  el periodista Gregorio Selser recuerda en su libro  El Onganiato  que una muchacha   escribió,  con una estilográfica en tinta verde  y caracteres de imprenta,  en  una carpeta de uso diario  de  la mesa presidencial “Mueran los infames traidores a la Patria”.  Una reprobación  estampada  en medio de gritos y forcejeos  con la fuerza de sus jóvenes años.  Todo ocurrió hace casi cincuenta años.


 
*Profesor Seminario Medios, Política y Comunicación
Fadecs-UNComahue  

20 años de periodismo digital en la Argentina (video)

Les dejo la presentación en prezi y el video que hicimos en el Laboratorio Transmedia de la Universidad Nacional del Comahue para el IV Congreso de Periodismo Digital de Fopea que empezó hoy en Córdoba.

La propuesta fue hacer un repaso de los 20 años de periodismo digital en la Argentina. Es un trabajo en progreso: si tienen sugerencias, pónganlas por favor en los comentarios.

Y gracias a Vanina y a Fopea por la invitación!


Somos docentes de la Universidad Nacional del Comahue y escribimos desde el norte de la Patagonia, Argentina.
Investigamos sobre periodismo impreso y digital.

General Roca, Argentina