97º Aniversario del Río Negro: un pacto de casi cien años.

Por Juan Carlos Bergonzi *

¿Es posible imaginar esta región sin la presencia de este diario?. Este medio se convirtió en creador de pautas para leer la realidad. Un catedrático de la UNC analiza esta presencia editorial.

¿Es posible imaginar esta región del norte de la Patagonia sin la presencia del diario Río Negro? ¿General Roca sería la misma ciudad sin el matutino nacido en 1912? Interrogantes que junto a otros se pueden formular y ayudan, tal vez, para reflexionar sobre el valor de la comunicación periodística del medio y su influencia en la vida cotidiana de los habitantes de dos extensos territorios provinciales.
En los primeros años de la segunda década del siglo XX Río Negro y Neuquén contaban con poco más de treinta años de integración al resto de la República Argentina. Los habitantes no superaban los setenta mil y la alfabetización registraba bajos indicadores.
El país asistía a un avance cívico formidable con la sanción del voto secreto, universal y obligatorio masculino propuesto por el presidente Roque Sáenz Peña. Un paso hacia algo distinto que intentaba dejar atrás la violencia, los arrebatos políticos. La norma habilitó a miles de postergados, excluidos de la opinión electoral.
¿Habrá alentado al fundador del diario Fernando Rajneri esa nueva perspectiva de convivencia política que se inauguraba? Es probable. Si se revisa el primer editorial del uno de mayo de 1912 los puntos clave para entender la decisión de editar un periódico están a la vista.
En 1869 y 1870 surgieron La Prensa y La Nación, ambos de la ciudad capital de la Argentina. Los dos diarios pretendían dejar en el pasado la prensa combativa, partidaria, de barricada y erigirse en plataformas que alojaran ideas, doctrinas, miradas críticas de la administración del Estado. Propugnaban una prensa que acompañara el crecimiento de una nación.
En 1912, el primer director-fundador tenía sin duda, otro paradigma en la concepción del medio. El juicio a Alfred Dreyfus por espionaje en Francia y la memorable denuncia del escritor Emile Zolá con su “Yo acuso”, en 1898, inauguraban la llamada opinión pública. El mundo de los diarios sería diferente después de ese resonante caso.
El Río Negro nace en la era de la prensa de masas; cubre la Gran Guerra, la Revolución Rusa, el nacimiento de los totalitarismos, informa sobre la guerra fraticida en España. Observa la decadencia institucional argentina de 1930, registra la segunda guerra mundial y el nacimiento del peronismo. Los desencuentros pos justicialismo, las democracias frágiles y dictaduras sangrientas hasta 1983. En los últimos veinticinco años fue y es testigo crítico de la epopeya democrática.
Está “En la Patagonia desde 1912” con diferentas emisiones junto a sus lectores. Quincenario, semanario y cotidiano. Desde mediados de los noventa ofrece su lectura en la Web. La impronta de la sociedad de la información, en torno a las nuevas tecnologías, es comprendida como parte esencial de una cultura distinta en las formas y modos de comunicar el discurso periodístico y la relación con los usuarios fidelizados y potenciales. Entre los últimos se incluye a la generación Red que define a los nacidos en la década de 1980. Crecieron con Internet y constituyen un público a contemplar en la agenda de los desafíos comunicativos del tercer milenio.
Desde la hoja impresa en 1912, y a treinta y seis meses de cumplir cien años de persistencia en el periodismo escrito, Río Negro no deja de ofrecerse como una matriz de decodificación de los problemas sociales. Se convirtió en un creador de pautas de lectura sobre la realidad. Sus efectos cognitivos no quedaron circunscriptos a la formulación de un glosario de temas. Impulsan la acción del pensamiento.
Se puede convenir, de acuerdo con su nota liminar del 1º de mayo, que el medio se propuso como actor político de naturaleza colectiva cuando expone “la influencia que puede ejercer en el ánimo del público” y en la toma de decisiones.
Queda claro que el ámbito de actuación de su palabra impresa no ha sido la conquista del poder institucional. Su mensaje se ha hecho sentir con fuerza, aprobaciones y devoluciones desde los gobiernos, partidos políticos, grupos de presión, movimientos sociales como componentes de su audiencia, conforme a las construcciones teóricas sobre el periodismo.
En estos noventa y siete años existe un tejido continuo en su propuesta editorial. El pacto con los lectores ha sido visible. Los distintos estadios de desarrollo de la prensa en el “siglo corto” como lo caracteriza al XX Eric Hobsbawm, impactaron en la urdimbre editorial del medio a modo de reafirmación de sus principios iniciales, continuación de estilos y adecuación a las demandas tecno informativas del siglo XXI.
La interrogantes anteriores tienen sentido de razonabilidad. Se propone un ejercicio intelectual a partir de una memoria activa sobre el pasado en relación orgánica con el presente. El diario tampoco es sólo una necesaria compilación de noticias, crónicas, análisis, artículos de opinión y notas con distintas encodificaciones del lenguaje periodístico. Ha sido y es un narrador de la vida colectiva, compañía silenciosa de generaciones de ciudadanos/lectores que confiaron en sus textos y siguieron su línea en el tiempo como parte de un entendimiento implícito, no declarado pero aceptado a la hora de adquirir el ejemplar.
Un candidato a presidente de EE.UU llegó a decir “prefiero un país sin gobierno y no sin diarios”. Un exceso que conlleva un voto de seguridad en la presencia profesional de los medios, con supresión del sistema de convivencia republicano.
Sin un medio escrito solvente la ciudad, asiento de sus ediciones, y la región se habrían convertido en un campo fértil para el autoritarismo y la intolerancia. La libertad de expresión sería una ilusión y la tarea de comprender y decodificar la realidad tendría un sustento débil, distorsionado.
La sociedad ha comprobado los efectos de la censura, las clausuras de empresas editoriales, el cierre de medios y la persecución de periodistas. Si se repasan los hechos más sobresalientes del pasado, cada uno en su posición etaria, se comprenderá con inmediatez el ejercicio de imaginación sugerido. (Publicado en diario Río Negro, 30-04-2009)


*Profesor e Investigador en Comunicación Social.
Fadecs. UNComahue. Argentina.

1 comentarios:

Conjuro 4 de mayo de 2009, 21:17  

"¿Es posible imaginar esta región del norte de la Patagonia sin la presencia del diario Río Negro?"

Obvio, se puede... se llama ucronía.

Somos docentes de la Universidad Nacional del Comahue y escribimos desde el norte de la Patagonia, Argentina.
Investigamos sobre periodismo impreso y digital.

General Roca, Argentina