Tren del valle: ejemplo de iniciativa ciudadana

Por Juan Carlos Bergonzi *

Amado Gómez, vecino de las cercanías de Villa Regina, reconoce frustración e imposibilidad para viajar dentro del Alto Valle con su familia completa. Obrero de la fruta, carece de recursos para solventar un traslado común y corriente. Los costos del transporte de pasajeros no están en correspondencia con sus ingresos. El, su esposa y sus tres hijos están sometidos al aislamiento e impedidos de la interacción con parientes y amigos. Ya tiene suficientes gastos en pasajes para solventar los costos de la educación formal que juzga determinante.
Cuando Amado se enteró, en septiembre de 2006, de la iniciativa ciudadana sostenida por vecinos del Alto Valle para recuperar el tren interurbano pensó en apoyarla. Se imaginó soluciones para su confinamiento físico y cultural.
La figura y circunstancias del trabajador agrícola se pueden extender a cientos. “No tengo cómo moverme” comentó cuando en Roca cuando ratificó con su firma el petitorio que la Comisión Pro Tren del Valle expuso en una esquina céntrica. Idénticas acciones se concretaron a lo largo del tramo del recorrido interprovincial Chichinales a Senillosa, ida y vuelta.
Un día antes del comienzo de la primavera de 2006, en la Biblioteca Pública de Cipolletti vecinos de Río Negro y Neuquén constituyeron una comisión central y subcomisiones, sin fines de lucro, con representación simbólica de todos los asentamientos urbanos comprendidos en el ansiado itinerario.
La inquietud, exclusiva de miembros la sociedad civil, se dio a conocer mediante un “Manifiesto del Valle” donde se significó el valor de las rutas férreas existentes y los servicios que se pueden concebir sobre ellas.
Se formularon conexiones teóricas con el colapso de la ruta nacional 22, la insuficiencia de los transportes de pasajeros, la necesidad de integrar la región desde todas las perspectivas incluyendo la cultural. Se destacó, en el manifiesto, la vigencia de la utilización de la infraestructura existente por las formaciones de cargas y la tendencia a recuperar el medio por su seguridad, eficiencia, economía, y bajo porcentaje de contaminación.
Desde el 20 de septiembre de 2006 el coordinador de este proyecto ciudadano fue el vecino de Cipolletti Edmundo Griffoi y las subcomisiones se conformaron con otros tantos “militantes del tren”, de las ciudades que configuran la ciudad lineal, designación que se otorga al gran conglomerado humano establecido entre las poblaciones cabecera del trayecto tentativo.
Las reuniones fueron múltiples y el interés, llamativo. Los encuentros tuvieron momentos nostálgicos, emotivos, donde predominaron narraciones de antiguos ferroviarios, gremialistas, ex pasajeros; recuerdos, anécdotas y visible ansiedad de los jóvenes por obtener precisiones de un sistema de transportación que desconocen.
Pasada la euforia del reconocimiento sobre viajes, comedores con servicios de mozos de blanco y vajilla inglesa, dormitorios y coches pullman, la realidad se impuso a los entusiastas y se originó una cruzada para a sumar firmas cívicas de los partidarios a viajar sobre rieles. Derivación natural
Las subcomisiones elevaron notas a intendentes, concejos deliberantes, legislaturas y gobernaciones pidiendo adhesión al reclamo. Se declaró de “interés municipal”. Debe reconocerse que el tema fue, en su génesis poco atrayente para la sociedad política. Algunos diputados y concejales presenciaron o enviaron delegados a las asambleas de las subcomisiones y, con paso cansino, la cuestión se incorporó en el universo de preocupación de los representantes del pueblo.
El tesón de la coordinación inspiró a las subcomisiones, éstas a los seguidores. Un dato es la decidida gestión de firmas por los estudiantes de la Facultad de Roca. “Muchos abandonan sus estudios a causa del transporte, es insoportable” dijeron.
Enviada a un desvío propicio, la iniciativa lleva casi dos años. En el devenir, los poderes políticos provinciales acordaron y asumieron la urgencia de impulsar el proyecto, más cuando la sugerencia de la subsecretaría de Transporte Ferroviario de la Nación fue dinamizarlo con la intervención institucional de las provincias.
El titular de la subsecretaria nacional Antonio Guillermo Luna brindó comprensión y esperanzas. La iniciativa cívica se dejó conducir por la política, al mejor estilo republicano. Resuenan ahora noticias de progreso.
La traza de acero sigue esperando que los coches motores se deslicen sin prisa pero con persistencia. Es probable que las vías requieran reparaciones, los pasos a nivel mejor señalización al igual que ajustes en estaciones. La inminencia de la llegada de un eventual moderno caballo de hierro para transitar por el alto valle lo impone.
También el tránsito ferroviario urbano demanda un esfuerzo de comprensión por los habitantes de a pie y conductores de vehículos. Los rieles paralelos serán el soporte para deslizar una formación con dirección unívoca. Ello exige atención, tolerancia, prudencia.
Señal de avanzar
La historia registra que desde 1897 a 1899 se construyeron las tres secciones del Ferrocarril Sud que conectaron a Bahía Blanca con la Confluencia. ¡670 kilómetros en tres años! Fue una epopeya en el marco de un plan de desarrollo nacional de redes ferroviarias que llegaron a contar, en su plenitud, unos 42 mil kilómetros. Vendrían luego sucesivas desactivaciones hasta llegar a la clausura de ramales. Los andenes se despoblaron, las campanas dejaron de alertar partidas. El adiós de los trenes se había concretado. El desamparo y la soledad descendieron sobre cientos de pequeños pueblos y ciudades del país.
Una luz verde facilitó la iniciativa ciudadana originada en aquella jornada primaveral de 2006. Señales desde la administración nacional afianzaron la intención que tuvo impacto y provocó acciones de los representantes políticos.
Los ciudadanos intervinientes y los miles que apoyaron, en noches de reuniones y tardes de firmas son ese saludable segmento de la sociedad que ofrece alternativas a las dificultades y traslada, a quien corresponde por mandato popular, la búsqueda de soluciones prácticas.
Amado Gómez, el humilde vecino rural del oriente del Alto Valle, tal vez brinde este fin de año junto a su familia por haber quebrado su incomunicación personal y familiar.

* Profesor/Investigador en Comunicación Social
Fadecs-UNComahue

1 comentarios:

Anónimo 29 de septiembre de 2008, 15:11  

FELICITACIONES POR EL ARTÍCULO!!!
MUY BUENO!

Somos docentes de la Universidad Nacional del Comahue y escribimos desde el norte de la Patagonia, Argentina.
Investigamos sobre periodismo impreso y digital.

General Roca, Argentina